El análisis del término de necesidades básicas se sitúa
entre dos extremos: uno individual o de carácter psicológico, que representa
las necesidades y el progreso personales, y otro contextual o político-social,
en el que las necesidades básicas han de considerarse como algo común a todas
las personas, constituyéndose en un principio o derecho humano. De esto se
desprende que, conceptualmente, las necesidades básicas no puedan entenderse si
no se analizan desde la perspectiva integrada de ambos extremos, desde donde se
aprecian, entonces, como referencias a aspectos y objetivos de desarrollo
humano, y quedan como indicadores complejos de un crecimiento personal y
social. Así, puede observarse que, en una sociedad democrática, las necesidades
básicas adquieran un carácter sociomoral, que infunde acciones o políticas de
lucha contra la desigualdad y la exclusión, en el que no se admite la
identificación de un crecimiento económico con un alto nivel de desarrollo, ya
que los beneficios de ese crecimiento económico no se extienden por sí mismos a
todos los estratos sociales (Streeten, 1986).

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